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centauro--647x231El caso es que no llegamos a un acuerdo. La discusión se atascó en torno a si las camisas rosas de John Wayne era por una homosexualidad oculta del actor, por una superstición personal de John Ford o por una cláusula contractual con la productora ávida por crear mitos de celuléuticos. En ese momento, el gusano de la botella de mexcalli, abrió sus cinco ojos y con parsimonioso arrastre asomó su cabeza, no sin antes exigirnos que le abriéramos una botella de cava brut nature puesto que era la única bebida con la que conseguía reducir los índices naturales de resaca —de mezcal, claro, ¡cómo no!—. Cuando consiguió que su oratoria fuera inteligible nos disertó —convenció y divirtió— con la desiderata de su tesis doctoral sobre la aniquilación del pueblo autóctono americano antes de la venida del hombre blanco. Para el gusano, el genocidio no se produjo por expansión colona, ni por guerras, ni mucho menos por enfermedades… sino por las películas del salvaje oeste. Ese, y no otro, fue el motivo por el que las grandes naciones indias fueron exterminadas, porque en cada película acababan muriendo un gran número de individuos, casi siempre a manos del glorioso 7º de caballería —es curioso, ¿no?— y de eso el gusano sabía mucho porque él fue indio en las películas del Sagrado Bosque durante la década de los cincuenta, antes de que acabase flotando en alcohol… por un desengaño laboral o amoroso —ya no recuerdo bien—.

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