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Por fin entré en el mercado de la carne: Ha costado, pero el sueldo merece la pena. Los inicios se limitaron a exposiciones parciales, después integrales donde lo más importante era aprender a escuchar y callar; apetitos de la vista y martirios del oído. Con el tiempo fui desarrollando el sentido del tacto y, por último, eduqué el gusto y el olfato pues, como es sabido por todo el mundo, van siempre unidos de la mano. Aunque he descubierto que sin la vista casi es imposible degustar ni deglutir. Salvo los ciegos: son los más desconfiados.

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