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FLL034_2013-10-27_steak-tartar-grandes-carnivoros[1]La realidad volvió a presentarse cruda. No quiso hacer caso de mis últimas indicaciones. Pudo cocinarse al horno, guisarse, incluso freírse o adobarse durante siete u ocho horas; pero no lo hizo. Por lo que tomé la decisión irrevocable de no aceptarla; no soy un animal, sino un ser humano que come caliente. En cuanto tuve ocasión la invité a que saliese de mi vida y de aquellos seis planos que configuraban el habitáculo que me servía de refugio; con educación, eso sí; y como marcan las normas del buen gusto y el protocolo para estas situaciones tan desagradables: una mirada amable pero firme, unas cuidadas palabras lanzadas al viento confiando que fueran recogidas por algún transeúnte sensible y un pequeño paso hacia el vacío desde el pretil del puente. Ya nunca más pasaría hambre.