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“Voyeurisma: patología de los enfermos hospitalizados por la que se agrava su enfermedad cuanto más son observados.”

 

Nos ha dejado la vecina del quinto, esa pelirroja de figura deliciosa que olvidaba siempre correr las cortinas de su habitación mientras se desnudaba. No volveremos a intuir ni su rostro ni sus ojos —a veces verdes, otras negros, según incidiera la luz en su cara o en nuestra imaginación—. Su rutina diaria era nuestra silenciosa diversión: las bebidas humeantes por las mañanas en la cocina; las sesiones infinitas de lluvia apoyados en la ventana; la limpieza al unísono de los cristales del mirador; y regar las plantas como excusa para salir al balcón y verla un metro más cerca.

Ya no tendremos la oportunidad de verla tender la ropa, ni pillarla probando con el dedo mientras cocinaba, meterlo en la boca y chuparlo con lentitud para degustar mejor las salsas. Tampoco disfrutaremos de sus eternas sesiones de sofá sobre manta azul eléctrico, mesándose los cabellos mientras leía, se hurgaba la nariz viendo la tele o se acariciaba en sus largas temporadas de abstinencia.

Primero empezó a moverse por el piso con una sugerente penumbra de velas, después se deshizo de los muebles, luego del fondo de armario, hace poco dejó de cocinar y esta mañana tiró la manta azul eléctrico por la ventana con su vida envuelta en ella.

Foto propia

Foto propia