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Conejo Zombi Frankenstein Love Letter Eufrasio SaluditeroSentencia en firme: ¡doce años y un día!

Mi reacción ante las palabras de la carta del juzgado no fue otra que la de montar en cólera no por la duración de la condena, sino por la coletilla “y un día”. Conocía su significado, y ya me resultaba ofensivo y denigrante para los condenados cuando estaba en el lado de la ley; así que ahora que acababa de cruzar la línea, pues como que empezaba a llevarlo peor.

No quedaba otra, fui a la cocina, me preparé una tila mezclada con valeriana y lo azucaré con medio valium 5 y una cucharada de miel a la espera de que vinieran los funcionarios del juzgado.

Cuando llegaron, enrejaron de inmediato las ventanas para evitar el suicidio —en realidad debería decirse miicidio, porque no es un acto suyo sino mío—, blindaron la puerta, cambiaron la cerradura, inhibieron la señal radiotelevisiofónica, me implantaron el contador de palabras y depositaron en mis manos los dos primeros libros semanales de mi condena: “El hombre que susurraba a los viejos tractores” de Nuria Nebot; y “Conejitos zombis y gallinas asesinas” de Hugo Martínez.