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Se conocieron tras el primer bocado, a pesar de haber estado siempre una frente a la otra, residiendo en una infinita distancia alveolar y entre sombras esféricas que nunca permitieron que pudieran ni tan si quiera intuirse.

Dicen algunos que, por una fracción de segundo, sus cuerpos esponjosos lograron incluso rozarse en una suerte de trayectoria azarosa dictada por las leyes de la física newtoniana; hasta que la energía cinética se transformó en potencial y el universo quedó, de nuevo, en equilibrio indiferente —puesto que la segunda derivada de la energía potencial resultó ser igual a cero—.

Acabaron juntas, sobre la mesa, sin poder abrazarse, consumiéndose por efecto del sol y por el rodillo imparable de Cronos quien, para su desgracia, ingenió en el sofá de enfrente el mecanismo con el que dejar constancia rigurosa de su paso: el hedor de mi carne en descomposición.

Frankenstein's Love Letters Amigas Migas de pan sobre mantel de algodon Ley de la gravitacion universal de Newton Saluditero

Migas de pan sobre mantel de algodón – Foto propia

Nota: Por cuestiones que no vienen a cuento, la inercia quedó desterrada de esta historia; y el genio de Julio Verne, por desgracia, también.

 

 

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