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Primero contratamos una gimnasta, por su elegancia y las figuras tan graciosas que hacía tirando los envíos al aire. No se le cayeron ni una sola vez, pero los usuarios desconfiaban de mandar bultos pesados y frágiles también, no fuera a ser que al final de tanto ir el cántaro a la fuente… En fin, que decidimos entonces contratar a un jugador de rugby. Era perfecto, podía con todos los pesos e incluso era capaz de protegerlos de cualquiera que se le pusiera por delante, no se le cayeron ni los fardos más pesados, el problema fue que ni tan siquiera el destinatario pudo arrebatarle el paquete de las manos —lo mismo, o peor, pasó con los boxeadores—. Era obvio descartar a futbolistas, jugadores de baloncesto o balonmano, tenistas, lanzadores de jabalina, disco y martillo o arqueros. Nada de jugadores de hockey hierba, patines o hielo (imposible usarlos en verano). Alguien propuso un saltador de pértiga, pero a los usuarios tampoco les hizo gracia que un extraño entrara por la ventana; además, con cada entrega teníamos que pagar un cristal nuevo. Demasiado caro.

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Nadia Comaneci al final de su ejercicio 10 durante la Olimpiada de Montreal 76 – Imagen de Internet

Entonces lo tuvimos claro. Fue como una revelación: ¡un ciclista! Era perfecto porque no había nadie más rápido que él. La velocidad de entrega aumentó un mil por ciento… hasta que llegó un envío… a la otra orilla del mar. Bien, no había problema, se trataba de convertir al ciclista en un triatleta. Claro, todo cuadraba: por mar, por tierra y por carretera. Pero ya puestos por qué no un pentatleta, o mejor aún, un decatleta. Siempre sería mejor diez en uno que cinco o que tres. ¡Craso error! Se nos olvidó que también hacían lanzamientos.

El tirador de esgrima que contratamos no tuvo mucha aceptación que digamos porque, además, resultó ser un chiflado de las películas del Zorro y, claro, la gente se quejaba de que, tras la entrega, acabaran con la ropa hecha girones; encima, pobre hombre, tenía muy mala caligrafía. Los halteristas parecía que daban buen resultado hasta que se cruzaban con algún gracioso que les arrebataban las entregas, por fastidiar; entreteniéndolos demasiado y los usuarios acabaron quejándose de nuevo; y de los judocas y luchadores de taekwondo o grecorromana casi mejor ni hablar.

En resumidas cuentas, que nos fue imposible fomentar desde nuestra modesta empresa de mensajería la candidatura olímpica de Orihuela para el 2019. Eso y que nos equivocamos de año.

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